Mascaravila | Las Mascaradas de Ávila
Mascarávila es un proyecto común con dos objetivos fundamentales: de una parte, el objetivo patrimonial, mediante el cual se pretendía recuperar, consolidar y dar visibilidad a estas tradiciones casi olvidadas, valiosas, del patrimonio etnográfico y cultural abulense, y de otro, convertir estas manifestaciones culturales en aliciente turístico para el visitante.
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Ataviados con mantas pingueras, crines de animales, máscaras o carillas de madera, los cucurrumachos de Navalosa (Ávila) han salido hoy a las calles de esta localidad, anunciando su llegada con un estruendo de cencerros que cuelgan de sus cinturas mientras arrojan paja a los que se encuentran, siguiendo una tradición ancestral que se retoma en carnaval.

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Unos, que visten con sartales de agallones de roble., otros que se cubren con pieles de animales y un tercer tipo que viste un mono de arpillera o lienzo relleno de heno. A estos últimos, les cornea la vaquilla hasta reventar sus barrigas para “sacarles las tripas”, o lo que es lo mismo, el heno que llevan en ellas. Todos los harramachos llevan máscara o rostro cubierto, sin que exista un modelo concreto de careta.

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Los machurreros recorren las calles del pueblo entre saltos, gritos y acciones esperpénticas, siendo frecuentes las travesuras. Entrar en las casas, robar alguna vianda, trepar por rejas y balcones o perseguir a los muchachos son algunos de sus cometidos. Antiguamente irrumpían en la procesión de Sas Sebastián realizando una escenificación de lucha ritual contra los danzantes, encarnadores del bien, que acompañaban y custodiaban al santo entre graciosas danzas y acrobacias.

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Los hombres de la localidad cubren sus cuerpos con harapos y sacos, que colocan sobre el cuerpo y la cabeza dejando dos orificios para sacar los brazos a modo de poncho.  Forran sus piernas con peales y correas que atan desde el tobillo a la rodilla, forrando los pies con harapos rellenos de más telas o papeles. En las manos, una testuz de vaca con sus cuernos amenazantes, con los que amagan y embisten al público asistente.

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Los zarramaches visten pantalones de sábana blanca y una tela blanca, con agujeros en ojos y nariz, a modo de capucha, que les cosen a la altura de la nuca. Una estera de esparto situada en la espalda y anudada a la garganta les va a proteger del golpeteo de los tres cencerros, que, a continuación, se cuelgan de un cinturón de cuero. En la cabeza un gorro cónico de mimbre recubierto de tela blanca y vistosas cintas de colores. Portan vara de mimbre y una naranja arrojadiza.

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