Mascaravila | Cucurrumachos
Mascarávila es un proyecto común con dos objetivos fundamentales: de una parte, el objetivo patrimonial, mediante el cual se pretendía recuperar, consolidar y dar visibilidad a estas tradiciones casi olvidadas, valiosas, del patrimonio etnográfico y cultural abulense, y de otro, convertir estas manifestaciones culturales en aliciente turístico para el visitante.
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CUCURRUMACHOS

Cuándo: Domingo de Carnaval

Dónde: Navalosa, Ávila.

Antecedentes (1)

 

Se sabe por el Libro de cuentas de la parroquia que desde 1783, primer año de esas cuentas, se hacía petición de “aguinandos” el día de Reyes y parte de esos ingresos iban a la parroquia. Desde 1808 se desglosan esos aguinaldos, porque dentro de ellos va incluida la venta de “albas” y así año tras año. En la Visita pastoral realizada el 31 de agosto de 1815 por D. Juan de Paula Carbonell, del Gremio de la Universidad de Alcalá de Henares y capellán de Oropesa, se le encomienda al párroco que prohíba toda diversión, bailes y demás “profanaciones en la Iglesia y su cementerio”. La medida debió de ser efectiva, puesto que en 1818 no se vendieron albas “porque no hubo quien las pusiese en precio”, es decir, que anteriormente se subastaban. Desde esa fecha, no se vuelven a vender albas. El 6 de septiembre de 1827 hace la Visita pastoral el obispo de Ávila, D. Ramón María de Duriaga, quien prohíbe “clavar clavos en el altar” y sacar imágenes en procesión. Desde ese momento cesan los ingresos de los aguinaldos.

 

Fecha de celebración

 

La fiesta de los cucurrumachos tiene lugar el Domingo Gordo, o Domingo de Carnaval.

 

Personajes

 

Los cucurrumachos visten un mono de “manta pinguera”, tejido tradicional confeccionado en los telares de navalosa. Cubren su rostro con la carilla, una tosca máscara de madera que se recubre de crines de caballo, a la que se añaden como complemento huesos, cuernos y pieles de animales. De su cuerpo prenden decenas de cencerros y zumbas, amarrados a cinturones y tiras de cuero, collares de vaca, etc. Suelen ir armados con horcas o portando estandartes con cráneos y huesos animales. Del hombro cuelga una alforja o un saco, lleno de paja, que arrojan a cuantos se encuentran a su paso.

 

Los quintos, vestidos “de guapos”, acompañan a la comitiva; los mozos visten traje, sombrero con escarapela que confeccionan sus madres, y la cara pintada con dos coloretes rojos en las mejillas.

 

Desde hace unos años también participan las quintas, vistiendo traje de serrana propio de la localidad, aunque fue siempre fiesta de mozos. Sus funciones son variadas, desde buscar casa, leña o cortar el chopo, a realizar la cuestación. Lo principal será por la tarde, cuando giren en torno al árbol cortado.

 

La Vaquilla: Es uno de los quintos, procurando que resida en el pueblo. Si hay más de uno, se echa a suertes. Es el que recoge todo el dinero metálico que les dan. Lleva la contabilidad de los ingresos y gastos de la fiesta. Su papel de protagonista será, cuando por la tarde, en torno al árbol, sea matado y resucite. Como nos han descrito nuestros informantes, la Vaquilla tuvo armazón con la forma de ese animal, aunque ahora vaya “de bonito”

 

Madres de los quintos: Aunque en la sombra, ayudando en las tareas más ocultas de la intendencia y cocina, son reconocidas como algo importante, cuando formen círculo en torno a sus hijos en torno al chopo.

 

Acción

 

Toda la fiesta está organizada por los quintos del año. Recientemente también hay que englobar también a las quintas. Lo primero que han de buscar es una casa vieja o un local, que alguien les preste para convertirla en su casa: la Casa de los Quintos. Es tradición que cada año sea una casa distinta; pero la búsqueda es complicada, pues ha de contar con la colaboración del dueño, que se la preste y, dado que no siempre quedan igual, hay mucha gente remisa a hacerlo. Después, una vez conseguida, han de limpiarla y adecentarla, pues no es sólo para dos días, sino que allí han de reunirse varias veces para preparar toda la fiesta. Y hablando de una localidad serrana y del mes de febrero, en que habitualmente cae el Carnaval, hablamos de frío. Por tanto, han de hacer abundante acopio de leña para poder calentarse. En esta tarea les ayudan los demás mozos. Por ello, el día que salen a por ella, unas dos semanas antes de la celebración, se puede considerar como otro día festivo para ellos, dado que lo hacen en un ambiente de alegría. A ellos corresponde también la tala, el arrastre y la plantación del chopo en la plaza. Dado que las quintas se han ido reduciendo en número y ya ellos solos no pueden hacerlo, a esta tarea les ayudan no sólo los mozos, sino gente adulta y con experiencia. Aunque el Ayuntamiento tiene efectuado un hoyo entubado en el centro de la plaza, con lo cual ya no han de cavar para realizarlo, suele ser habitual que se lo llenen algunos de piedras, para que, al menos, se molesten en extraerlas

Participan todos los vecinos. No sólo por la cuestación que se hace por las casas, sino por lo hasta aquí expuesto -préstamo de la casa, recogida de leña, corte, transporte y plantación del chopo- se puede ver que la participación y colaboración de muchos vecinos es lo habitual. Evidentemente, los que más participan son los quintos, seguidos del resto de la juventud. Figuras importantes en la fiesta, casi siempre ocultas, son las madres de quintos y quintas, que se van a ocupar de todo lo referente a la elaboración y preparación de las comidas y cenas. La fiesta está totalmente integrada en la vida de la localidad y es esperada todos los años, como “la fiesta de los quintos”.

 

Si dejamos a un lado los prolegómenos del Sábado de Carnaval, en el que los quintos, ayudados de otros jóvenes y adultos, cortan un chopo de las riberas del Alberche, lo traen a la localidad y, por la noche lo plantan en la plaza entre hogueras, donde van a seguir la fiesta durante buena parte de la noche, los actos comienzan temprano el domingo. Guiados por el sonido de cencerros, es posible ver a varios jóvenes ataviados “de bonito” por las calles de Navalosa, acompañados de amigos y familiares y con un burro, con alforjas. De los acompañantes, alguno lleva cestas de mimbre y otro una baraja de cencerros en bandolera o en las manos. El sonido de éstos anuncia a los vecinos que se acercan los quintos a pedir. En la entrega vemos de todo: huevos, aceite, leche, un pavo,…, y bastante menos de dinero. Poco a poco las alforjas del burro empiezan a llenarse, juntamente con las cestas y es hora de ir a descargar. Así se pasa toda mañana, zigzagueando por la roca desnuda o por el cemento de las retorcidas calles. En torno a las cuatro de la tarde, se aprecia bastante actividad en algunos garajes y se empiezan a escuchar los primeros cencerros. Suelen juntarse varios familiares o amigos en una casa para disfrazarse. De esta guisa salen a la calle, unos caminando hacia la plaza, otros dirigiéndose a la Casa de los Quintos para acompañarlos hasta la plaza Mayor. Al son de gaitilla y tamboril esta ruidosa comitiva, con numeroso público detrás va a llegar hasta donde se yergue el chopo plantado. Hay muchos espectadores en la plaza. Pronto revolotea la paja entre ellos.

 

El ruido es ensordecedor. Cada uno pulula por donde quiere, amenazando con sus toscos garrotes. Pronto se empiezan a configurar dos círculos: el interior, de pequeño diámetro, formado por quintos y quintas, que se agarran de las manos; el mayor, formado por las madres y otras numerosas mujeres. Éstas empiezan a girar en sentido inverso al de las agujas del reloj. Es el turno de quintos y quintas, que giran en sentido contrario al de sus madres. En el interior del círculo pequeño, un personaje aislado, que camina en sentido contrario a como se mueven sus compañeros.

 

 

Es El Vaquilla. ¿Y los hombres maduros? Sólo son espectadores o Cucurrumachos. El ruido y el barullo llena la plaza. Se mezcla el metálico sonido de los cencerros con el entrañable de la gaitilla y del tamboril. En el balcón del Ayuntamiento, una mujer intenta hacer el silencio. Es la que va a hacer el pregón; casi siempre la misma autora de los versos. Así va desgranando las estrofas, hasta que desde el balcón del Ayuntamiento suenan dos estampidos y la Vaquilla se desploma muerta en el círculo interior, entre el ensordecedor ruido que se levanta en la plaza. Vuelve a leerse el pregón mientras giran los círculos en torno a la Vaquilla yacente. Pero el milagro está próximo: “Daros unas cuantas vueltas que suenen los cencerros, que tenemos que levantar a esta Vaquilla del suelo”. Y en efecto, el purificador y milagroso sonido de los cencerros, logran poner en pie a la Vaquilla, que se incorpora con sus compañeros hasta que se termina el pregón. En este momento los Cucurrumachos se despojan de sus máscaras y se dan a conocer. Desde el Ayuntamiento sacan mesas, para colocar dulces y bebidas y que toda la vecindad los disfrute al son de la música tradicional. Con ello termina la fiesta. Peticiones y cuestaciones La cuestación la realizan los quintos vestidos “de bonito”, acompañados de amigos y familiares, y con algún burro con alforjas, para cargar lo recibido. Domina la que se hace en especie, sobre la que se hace en metálico. Se lleva minuciosa cuenta de todo lo recaudado y de ello se hace larga relación en el pregón que se lee por la tarde desde el balcón del Ayuntamiento.

 

(2) Extraído de Calvo Brioso, B. (2012) “Mascaradas de Castilla y León, Tiempo de Fiesta. JCyL