CARTA ABIERTA DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL MASCARÁVILA

Si algo nos ha quedado de estos días es que en este incendio los vecinos, vecinas, alcaldes y alcaldesas no dudaron en plantar cara a la devastación. Han sido un ejemplo para el mundo entero, porque no se quedaron en los pueblos por desobediencia sino por conciencia y principios. Fueron los voluntarios de aquí, nuestra gente, quienes lo dieron todo por intentarlo y evitaron que fuese aún peor.

Ahora regresamos a nuestros pueblos. Nos encontramos un paisaje en blanco y negro. Un lugar en el que ni antes ni durante ni después debería haber diferencia por colores políticos. Si somos de los azules, que sea del azul de los cielos de Gredos. Si somos del rojo, que sea el de las flores encarnadas de los balcones del Tiétar. Si somos amarillos, del del piorno serrano. Si somos verdes, del que vendrá con la otoñá. Y si somos de los morados, que sea del púrpura de los racimos maduros de la garnacha.

En Mascarávila siempre hemos defendido ser una familia de 7 pueblos hermanos, y para lo bueno siempre hemos sentido el calor y la cercanía de nuestras instituciones provinciales y autonómicas. Nos gustaría que para lo malo también sea siempre así. Porque nos duele el Alberche, nos duele el Tiétar y la Sierra Oeste. Pero estamos descorazonados al ver que Casavieja y Piedralaves lo han perdido todo y se han sentido solos. Desde la asociación Mascarávila no veíamos en las noticias a sus alcaldes ni sus colores. Veíamos a Vanessa y a Germán, dos vecinos amigos, dos buenísimas personas que desde distintos idearios estaban igual de exhaustos y desgarrados. Sacrificando todo por sus vecinos.

No distinguíamos ni rojo ni azul, veíamos en su mirada el negro más triste que se pueda describir. Un hombre y una mujer que se la jugaron por los que les votaron y por los que no. No veíamos al alcalde, veíamos a David en el frente de Mijares con los valientes de Pedro Bernardo. Cambiábamos de canal y no veíamos a unos voluntarios desobedientes, veíamos a los valientes Pastores de Casavieja, a los alcornoques y a los mijariegos jugándose la vida por parar un fuego solos y desnudos con lo poco que tenían. No veíamos en los telediarios a la portavoz de la Guardia Civil hablando desde el puesto de mando. Sino a nuestra presidenta, Mercedes, contando al país lo que acontecía, llorando por dentro y tratando de poner su mejor cara. No veíamos el relato del mayor incendio conocido en este país. Veíamos arder nuestra tierra y hervir nuestra sangre. Contemplábamos, en estado de shock, como nuestro hogar, nuestros valles, los sueños y el trabajo de nuestra gente y el legado de nuestros abuelos se desvanecían entre el humo. Han sido días muy duros, de cuerpos y mentes al límite. De almas que tardarán mucho en sanar. De muchos días difíciles en el horizonte, y de problemas graves que seguirán después de que se vayan las cámaras de televisión. Que seguirán cuando los tertulianos se hagan expertos en otra cosa.

Pero queremos, desde la asociación Mascarávila, que nuestros pueblos no caigan en el olvido, que no haya colores a la hora de recibir ayuda y ni tan siquiera cuando los de arriba vengan a dar apoyo moral. Que quienes desde fuera aman de verdad a esta tierra sigan viniendo los fines de semana, comprando en sus comercios y disfrutando de su gastronomía y sus alojamientos rurales.

Que se reconozca el valor y arrojo de las cuadrillas de vecinos, de las agrupaciones de Protección Civil y de los alcaldes que resistieron en el monte, y se les rinda el homenaje que se merecen. Los abulenses os lo agradeceremos eternamente. Sois verdaderos héroes.

Los de Ávila llevamos la resiliencia en las venas, y hemos sabido salvar unidos muchas adversidades. Juntos y de la mano, como la familia que somos, volveremos a hacernos pronto una foto a todo color, con el verde de la sierra por encima de cualquier otro. Y a nuestros hermanos de Casavieja y Piedralaves, deciros: NO ESTÁIS SOLOS. La familia de Mascarávila os arropará siempre.

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